ARIES EL SIGNO DE LA MENTE

El Signo de la Mente

Aries gobierna la cabeza. Es por consiguiente, el signo del pensador y, por lo tanto, un poderoso signo mental. Todos los principios se originan en el plano mental y en la mente del creador, ya sea que este creador sea Dios o el alma del hombre. Este universo tuvo su origen en el pensamiento de Dios, el Pensador cósmico. El alma empezó su carrera dentro de la materia a través del mismo proceso del pensamiento. La familia humana, el cuarto reino en la naturaleza, se formó cuando la mente surgió y diferenció al hombre de los animales. El aspirante empieza sus trabajos cuando llega a ser verdaderamente pensador, y en pleno conocimiento procede a actuar como el árbitro de su propio destino…

Está claro, por lo tanto, que en Aries la dirección justa y la justa orientación tienen su principio, y Hércules, el discípulo de recién adquirida reflexión, empieza su trabajo. La llave de este trabajo y del significado del signo se puede encontrar en las palabras de una
antigua escritura india: “El hombre no conoce bien el camino hacia el mundo celestial, pero el caballo sí lo conoce bien”. En los muy antiguos días en la India, el sacrificio del caballo
estaba ligado con el dios sol. Anualmente, el dios-sol, como el caballo del zodíaco, suponían los arios védicos que moría para salvar a todo el género humano. El carro del sol de Apolo es decripto como tirado por caballos, y el “magnífico signo del Carnero” está estrechamente conectado con la simbología del caballo, un hecho del cual este primer
trabajo da testimonio.
La referencia a los libros de simbología nos mostrará que el caballo ocupa la posición de la actividad intelectual. El caballo blanco simboliza la mente iluminada del hombre espiritual, y así nosotros encontramos en el Libro de la Revelación o Apocalipsis de San Juan que Cristo avanza montando un caballo blanco. Los caballos negros representan la mente inferior, con sus ideas falsas y sus errados conceptos humanos. Las yeguas madres, tales como las encontramos en el primer trabajo, indican el aspecto femenino de la mente cuando da nacimiento a las ideas, a las teorías y a los conceptos. La tendencia de la mente a formar pensamientos está aquí simbolizada, encarnando las ideas concebidas, las cuales son desatadas sobre el mundo, devastando y destruyendo cuando emanan de la mente inferior, pero construyendo y salvando cuando vienen del alma.
El gobernante exotérico de este signo es Marte, el dios de la guerra, y así Hércules, actuando bajo la justa dirección del pensamiento y empezando su trabajo en el plano mental, toma su posición como el guerrero. Su característica sobresaliente en este signo es su espíritu pionero y militante. Las yeguas estaban en posesión de Diómedes, el hijo de Marte. (Pero el gobernador esotérico es Mercurio, que “ilumina la mente y media entre el alma y la personalidad”).

Las Constelaciones en Aries
Como es usual, hay tres constelaciones conectadas con Aries. Primero, está Casiopea, la Reina Entronizada, siempre el símbolo de la materia. Es de lo más interesante observar cómo en el círculo del zodíaco nos encontramos con tres mujeres. Con respecto a Aries, el signo del comienzo, hallamos a Casiopea, la Mujer Dominante. La Mujer y el Niño y, como veremos luego, la madre-materia es la nodriza del Cristo niño, la Virgen María da
nacimiento a Jesús. En Piscis, en la terminación  el gran círculo, encontramos a Andrómeda, la Mujer Encarnada. Primero la mujer entronizada y dominante, luego la mujer cuidando del niño Cristo, y después la mujer representando la materia que ha sido dominada y controlada. Encontraremos a Casiopea sentada en el Círculo Artico, cercana a Cefeo el Rey, o Legislador, a quien encontraremos luego como a una de las tres constelaciones en Piscis. Al comienzo, la Ley: al final, la Ley; pues Cefeo tiene una relación estrecha con el primero y con el último signo del zodíaco. Es interesante observar que Mahoma, el fundador de la religión más combatiente, nació en este signo, y la leyenda dice que Moisés, también nació en él; Moisés, el legislador, y Mahoma, el guerrero.
El problema de Hércules, cuando emprende sus trabajos, es demostrar su poder sobre la materia y la forma, y así tiene que reconocer a Casiopea desde el mismo comienzo, la hasta
ahora entronizada reina.

La segunda constelación es Ballena, el Monstruo del Mar, el Enemigo de los Peces Pequeños… uno de los grandes símbolos del alma es el pez nadando en el océano de la materia, y la Ballena, el monstruo del mar, es el símbolo de lo que llamamos el mal, que busca destruir el alma encarnada. El monstruo del mar, en el océano de la existencia, y la reina entronizada, hablan a Hércules de la magnitud de su problema, pero la tercera constelación le habla de victoria. Perseo es la tercera de las tres constelaciones, llamado en el zodíaco de Dederah, en Egipto, “el que somete”; llamado a veces, “el quebrantador”, aquel que puede encadenar a la mujer entronizada, y que puede conquistar al monstruo. Se nos dice que Perseo poseía el casco de la invisibilidad, las sandalias de la velocidad, el escudo de la sabiduría, y la espada del espíritu. Así Hércules se veía a sí mismo reflejado en los cielos, y cuando empezó la captura de las yeguas devoradoras de hombres, descubrió en sí mismo la garantía de su logro fundamental, aún cuando en ese momento las dificultades con las cuales se enfrentó parecían insuperables.

 

El Misterio de la Prueba
La conquista de la materia y la superación de la ilusión se destacaron amplios ante Hércules e indicaban desde el mismo principio de los doce trabajos, la naturaleza de su logro final. Se ha dicho que el principio fundamental del signo Aries es la esperanza y, mientras él enfrentaba sus doce trabajos, la esperanza era toda la garantía que Hércules tenía entonces de que saldría victorioso. La esperanza, su no experimentado divino equipo, su clava personal, y mucho entusiasmo: así empiezan todos los discípulos.
El significado de la prueba es ahora seguramente sencillo. Hércules tenía que empezar en el mundo del pensamiento a ganar control mental. Durante eras las yeguas madres del pensamiento habían estado engendrando caballos guerreros y, a través de los pensamientos equivocados, palabras equivocadas e ideas erróneas, habían estado devastando la comarca.
Una de las primeras lecciones que cada principiante debe aprender, es el tremendo poder que mentalmente maneja, y la cantidad de daño que puede causar en su vecindad, y en su medio ambiente a través de las yeguas madres de su mente. El tiene, por consiguiente, que aprender el uso correcto de su mente, y la primer cosa que debe hacer es capturar este aspecto femenino de la mente y ver que no sean engendrados más caballos de guerra.
Cualquier aspirante a Hércules puede fácilmente probar que posee estas devastadoras yeguas madres, si por un día entero pone cuidadosa atención a sus pensamientos y a las palabras que habla, que son siempre el resultado del pensamiento. Descubrirá rápidamente que el egoísmo, la falta de bondad, el amor a la murmuración y la crítica, constituyen gran parte del contenido de su pensamiento y que las yeguas madres de su mente están
constantemente siendo fertilizadas por el egoísmo y la ilusión. Estas yeguas madres, en lugar de dar nacimiento a ideas y conceptos que tienen su origen en el reino del alma, y en vez de ser fertilizadas desde el reino espiritual, se vuelven las madres del error, la falsedad
y la crueldad, las que tienen su origen en el aspecto inferior de la naturaleza del hombre.
Hércules se dio cuenta del daño que las yeguas madres estaban haciendo. Se precipitó valerosamente al rescate de sus vecinos. Se determinó a capturar las yeguas madres, pero se sobrestimó a sí mismo. Tuvo éxito en reunirlas y capturarlas, pero fracasó en darse cuenta de la potencia y fuerza de ellas; por lo tanto, se las entregó a Abderis, el símbolo del yo personal inferior, para retenerlas. Pero Hércules, el alma, y Abderis, la personalidad, al unísono se necesitaban para guardar a esos caballos devastadores. Abderis solo no era suficientemente fuerte, y lo que había estado ocurriendo a la gente de la vecindad, le ocurrió a Abderis; ellos lo mataron. Este es un ejemplo del trabajo de la gran ley, que pagamos el precio en nuestras propias naturalezas de las palabras erradas y de las acciones malignas.
De nuevo el alma, en la persona de Hércules, tenía que ocuparse del problema del pensamiento erróneo y sólo cuando él llega a ser un aspirante unidireccional en el signo de Sagitario y en ese signo mata los pájaros devoradores de hombres, entonces realmente logra
un completo control del proceso del pensamiento, de su naturaleza.
El significado práctico del poder del pensamiento, ha sido bien expresado para nosotros en las palabra de Thackeray: “Siembra un pensamiento, y cosecha una acción. Siembra una acción, y cosecha un hábito. Siembra un hábito, y cosecha un carácter. Siembra un carácter y cosecha un destino”.

(Las dos palabras-claves del signo Aries son:*
1. “Y la palabra dijo: Que la forma sea buscada nuevamente”.
El Hombre
2. “Surjo, y desde el plano de la mente, rijo”.
El discípulo

* (De Astrología Esotérica. Volumen III del Tratado sobre los Siete Rayos. Recibido tres años después que A.A.B. dio las conferencias sobre Hércules en Nueva York).

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Publicado el marzo 27, 2012 en SIGNOS y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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